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Acrópolis

Acrópolis (6)

En 1987, este complejo, el más famoso de toda Grecia, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, no hacía falta este gesto para confirmar que la Acrópolis simboliza una de las cumbres de la historia de la cultura y la civilización mundial. 

Todos los visitantes que llegan a Atenas, se encuentran, al pisar la ciudad, alzando la vista para identificar el perfil de las ruinas del radiante conjunto arquitectónico que se erige en el peñasco sagrado de la Acrópolis. Una imagen para el recuerdo, algo que está en el imaginario colectivo como hito de la historia de la Humanidad, de sus mitos y sus leyendas.

Acrópolis significa, literalmente, “ciudad  alta”, y lo es, porque se alza 156 metros sobre la llanura de Atenas. Su nombre puede traducirse también como “ciudadela”, y tiene una extensión de 270 metros de ancho y más de 150 en su cima. 

La historia de la Acrópolis nos conduce incluso hasta el 3000 a.C., de cuando datan los primeros vestigios arqueológicos encontrados en la zona y que consisten en restos de cerámica. También queda parte de las murallas de la época micénica, y se sabe que, hasta el siglo VI a.C., el monte no era tan sagrado, ya que albergaba residencias palaciegas. Sin embargo, el mito cuenta que el oráculo de Delfos fue el que declaró la Acrópolis como lugar sagrado, en el que solamente podían habitar los dioses, y no los humanos. 

Los monumentos que sin duda atraen la atención del visitante hasta la Acrópolis son los que se enmarcan en la era de Pericles, en el siglo 5 a.C. Con el objetivo de ensalzar la ciudad, de proclamar sus logros políticos y culturales, este gran líder demócrata creó la marina griega y, además, convenció a los atenienses para promover un programa de grandes obras en la ciudad, basado fundamentalmente en los templos de la Acrópolis. 

El empeño de Pericles en este colosal proyecto surgió después de que los persas, sobre el 480 a.C., destruyeran todas las construcciones de la época arcaica que se encontraban en la zona. Los restos que quedaban del asedio persa, se acumularon en las escombreras y no fueron excavados prácticamente hasta nuestro siglo, cuando se encontraron y se trasladaron al Museo de la Acrópolis. 

Aunque las joyas de la corona de este recinto se construyeron o, al menos, se promovieron durante la época de Pericles, con posterioridad a este mandatario el trabajo en la Acrópolis siguió progresando, y se alzaron otras edificaciones, como por ejemplo el Tholoi Romano, un templo circular del siglo I a.C.

Afirmar que el esplendor clásico de la Acrópolis se mantiene intacto en la actualidad sería engañarte. El conjunto, pese a preservar su esencia, ha sufrido, a lo largo de la historia, un grave deterioro, víctima del expolio, primero de Constantinopla, que se hizo con gran parte de la decoración escultórica para embellecer sus construcciones.

Otros factores han contribuido, a lo largo de los años, a estropear el conjunto de la Acrópolis. Es el caso del uso que le dieron los turcos como polvorín, defendiéndose del asedio de los venecianos, que la bombardearon en el siglo 17. También la fuerte contaminación de la ciudad, que aunque ha disminuido en los últimos años, en el pasado ha venido provocando el conocido “mal de la piedra”, una especie de carcoma para las estructuras de los edificios. El paso del hombre, que ha peregrinado a la Acrópolis durante siglos, invadiendo sus caminitos o posando encima de sus piedras milenarias. Por ello, desde hace años está restringido el acceso a los templos y están acordonadas muchas zonas. Puede parecerte exagerado, pero el ser respetuoso con los restos arqueológicos es básico para su conservación. 

Visible desde prácticamente todos los puntos de Atenas, en la Acrópolis se reúne la mayoría de las obras maestras de la Grecia Clásica: el Partenón, los Propileos, el Templo de Atenea Niké o el Erecteón son algunos de los edificios que aquí se alzaban y cuyas ruinas pueden visitarse en la actualidad. También el pórtico de las Cariátides, la primera entrada a la Acrópolis (la puerta Beulé), algunos templetes, monumentos, y una capilla excavada en la roca son atractivos del complejo, aunque no sean tan conocidos. En el Museo de la Acrópolis, además, en el mismo recinto, se conservan con más cuidado algunas esculturas, así como parte de los frisos del Partenón. 

Si visitas Atenas en agosto, hay una recomendación imprescindible. Y es que en las noches de luna llena, la Acrópolis permanece abierta, y grupos de música realizan conciertos y recitales entre las ruinas. La visión de la Acrópolis iluminada desde la llanura de Atenas es impresionante, pero también lo es la de la ciudad desde este peñón elevado. Por lo menos, alejado de la marabunta de los restaurantes turísticos y las tiendas, el momento vale la pena. 

Es difícil pisar esta tierra sagrada, elevar la mirada sobre Atenas, y no imaginar el esplendor pasado de esta ciudad. A cada paso, recordarás a los fieles vestidos con sus túnicas, venerando a los dioses, y te vendrán a la memoria los versos de los clásicos que aquí situaban sus historias. 

Con sólo cerrar los ojos podrás reconstruir, como si de una animación mágica se tratara, lo que has leído en miles de guías y libros, o has visto en las películas: piedra a piedra, se alzará el reluciente Partenón policromado, y las estatuas gigantes de los dioses, o las finísimas cariátides sosteniendo los templos. Muy cercana a él, podemos afirmar que la Acrópolis va a parecerte el cielo en la tierra.

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Tour por la Acrópolis en inglés

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