ALREADY KNOW YOUR NEXT DESTINATION?
DOWNLOAD YOUR FREE AUDIOGUIDE

Kerameikós

Kerameikós (35)

Si el caos del tráfico en las calles de Atenas, y el tumulto de turistas ataviados con sus cámaras entre las ruinas se han convertido en algo demasiado habitual en tus días en la capital griega, apuesta por una visita al Kerameikós. 

Este antiguo cementerio, que hospeda también restos arqueológicos de interés destacable, recibe el nombre del barrio en el que se encontraba antiguamente. El nombre griego de Keramos era el del patrón de los alfareros, que habitaban en esta zona justo atravesada por las murallas de la ciudad. La parte del recinto que quedó extramuros se convirtió en una necrópolis. 

Activo desde el siglo XII a.C., por este cementerio pasó a la historia por ser el punto de partida de la procesión de las Panateneas, una celebración religiosa que se celebraba cada año en la ciudad en honor a su diosa Atenea. 

Y es que este lugar era estratégico, porque en él confluían la Vía Sagrada, que llevaba de Eleusis a Atenas, con las vías que llevaban a la capital desde Beotia, el Pireo y la Academia de Platón, por ejemplo.

En el siglo V a.C. se alzó la puerta Dípylon, la entrada oficial a la ciudad y la mayor de todas. Por esta puerta se accedía a dos pasajes que llevaban a un patio interior, con cuatro torres construidas en las esquinas. Era éste el lugar desde donde partía la procesión de las Panatenaicas. También entonces se erigió otra gran puerta, la Iera Pyli o Puerta Sagrada, flanqueada por otras dos torres. Entre ambas edificaciones, el Pompeion, un amplio edificio en el que se realizaban los preparativos para las fiestas religiosas.   

Algunos vestigios arqueológicos quedan en pie de los antiguos monumentos de la época clásica. Además, en el siglo XIX, cuando se empezaron las excavaciones, se hicieron interesantes hallazgos. Algunos de ellos se encuentran en el Museo Oberlander, contiguo al Kerameikós, y en el que podrás ver, especialmente, fragmentos de estelas funerarias y terracotas. En muchos casos, en el emplazamiento original se encuentran copias en escayola de las estatuas y esculturas funerarias, ya que los auténticos se encuentran resguardados en las galerías del museo.

Sin embargo, todavía quedan estelas funerarias originales en estas calles. La recomendación del paseo por el Kerameikós es rotunda. Su arteria principal, la Avenida de las Tumbas, está plagada de lápidas y esculturas de los personajes que, en la Antigüedad, fueron los más ricos de Atenas, ya que a ellos estaba reservada esta calle. La mayoría de las piezas funerarias que lucen en esta calle pertenecen al siglo IV a.C., y pertenecen a estilos muy distintos, desde ostentosos relieves hasta austeras columnas. 

A la sombra de las higueras, y oliendo el aroma del romero que crece aquí de forma silvestre, te encontrarás con joyas como la tumba de Dionisio de Kollytos, con la bella estatua de un enfurecido toro, representando al dios Dionisos. En los aledaños de esta fúnebre aunque preciosa avenida, se encuentra el recinto e Lysimachides, con un perro de mármol en lo alto, o el túmulo funerario del siglo V a.C. de la familia de Koroibos de Melite. En éste, una estela muestra a Egeos, la esposa del fallecido, admirando sus joyas ante la mirada atenta de una criada. Al siglo IV a.C. pertenece la Estela de Dexileos, un joven que falleció en la guerra corintia y que, en el relieve grabado en su tumba, aparece derrotando a los enemigos. 

Te encuentras en un fabuloso tesoro de la ciudad, un entorno idílico que te regalará buenos minutos de paz. Pese a ser un destino turístico, el entorno invita al silencio, y los visitantes pasean, tranquilos, observando la vegetación algo descontrolada que salpica las calles y que aparece entre lápidas y estatuas. Nada siniestro, prometido.

ALL POINTS OF INTEREST
This website uses cookies to ensure you get the best experience on our website

ACCEPT
+ INFO