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Monastiráki - De mercadillo en Monastiráki

Monastiráki - De mercadillo en Monastiráki (25)

Todas las capitales del mundo tienen sus mercados estrella. Mejor o peor surtidos, de precios desorbitados o asequibles, todos ellos tienen el denominador común del encanto, la autenticidad y el espíritu popular que se respira bajo las lonas de los tenderetes, entre los parroquianos que se reúnen siempre en los mismos rincones y, por qué no, los avispados carteristas que no pierden detalle, buscando a un despistado que responda al perfil de su víctima ideal. 

En Atenas, este lugar se encuentra en el tradicional y antiguo barrio de Monastiráki, núcleo vivo de la ciudad durante la ocupación otomana, y ribeteado, todavía, de algunas mezquitas de la época del dominio turco. En Monastiráki, los solemnes restos arqueológicos de la Biblioteca de Adriano o el Ágora romana se alternan con el ambiente informal, caótico y, sobre todo, muy vivo de su mercadillo. 

Si te acercas por aquí durante la semana, podrás pasear, con tranquilidad, por muchas y variadas tiendas que, en algunas ocasiones, ponen un puesto en las aceras exteriores. También algunos anticuarios se acercan hasta aquí por las mañanas y ponen a la venta piezas de coleccionista, con mayor o menor valor. 

Sin embargo, si quieres vivir una auténtica experiencia ateniense, tienes que venir al mercadillo el domingo por la mañana. Aunque se extiende desde la plaza de Monastiráki, pasando por el cementerio del Kerameikos, su corazón late en la Platia Avissinias, un auténtico laberinto de tenderetes por la que pasan centenares de visitantes cada domingo. 

Si te armas de paciencia y estás dispuesto a caminar a paso de tortuga entre la multitud y rebuscar entre los montones de piezas que aquí se exponen de cualquier manera, éste es tu lugar, porque vas a encontrar, seguro, tu joya de la corona. Desde uniformes militares, hasta un Mickey Mouse vestido con un traje regional de las Egeas, en este mercadillo puedes hallar reproducciones de lámparas antiguas, pájaros disecados, cámaras fotográficas descatalogadas, preciosos cálices o películas pornográficas en sistema Beta. 

El regateo no sólo está permitido, sino que es norma de la casa, como pasa en casi todos los mercadillos del mundo. Los reclamos de algunos vendedores, el murmullo de los compradores, consultándose unos a otros cuánto deben pagar por una pieza, los clics de los disparos de las cámaras fotográficas o el traqueteo de los carros de la compra de los que quieren volver cargados a casa son los sonidos que llenan aquí las calles y plazas. Si a eso le sumas el sonido de las armónicas y los acordeones de algunos de los músicos que amenizan las terrazas de los bares y cafés de los alrededores, la estampa está completa. 

Visitar el mercado y, por qué no, vivir la experiencia de rebuscar y comprar alguna pieza te servirá para conocer, en parte, la manera de ser y de actuar de los atenienses. Y es que la mayoría de los visitantes aquí son de la ciudad. Jóvenes coleccionistas, o ancianos exigentes, punkies de diseño o matrimonios conservadores, todos pueden encontrar aquí lo que buscan, o irse de vacío.

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