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Estilo Manuelino

Estilo Manuelino (5A)

Así es como se conoce el estilo arquitectónico portugués que se desarrolló en plenitud durante el reinado del Manuel I de Portugal, del que tomó su nombre. Si bien el rey gobernó entre 1495 y 1521, este estilo, caracterizado por la exuberancia decorativa, se mantuvo con posterioridad a la muerte del rey.  

Los principales exponentes del estilo manuelino son el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, en la ciudad de Lisboa. 

Este estilo no debe solamente el nombre al rey Manuel I de Portugal, sino que recoge su espíritu y su personalidad en el discurso artístico que proyecta. 

Manuel I fue un monarca con grandes aspiraciones y grandes logros en el contexto mundial, entre ellos, el descubrimiento Vasco de Gama de la ruta Atlántica hacia la India por el Cabo de Buena Esperanza,  el descubrimiento de Brasil, o el monopolio de las rutas marítimas del Océano Índico y el Golfo Pérsico. De hecho, muchos autores extranjeros lo denominaron “Rey de los Mares”. 

Estos sucesos hicieron de Portugal un auténtico imperio comercial y a este país, uno de los más ricos del mundo. 

La temática marítima y de conquista de la Era de los Descubrimientos queda especialmente recogida en los motivos ornamentales del manuelino, aunque no es la única marca.

El estilo ornamental es exuberante en las formas y está lleno de elementos naturales simbólicos. En él se cruzan el cabalismo, los motivos cristianos, la tradición popular, la alquimia e incluso la propaganda de la grandeza imperial de la que hacía alarde Manuel I.  

Los motivos más repetidos del estilo manuelino son símbolos nacionales, como la “esfera armilar”, que el monarca interpretaba como designio divino de su reinado, o la cruz del Orden de Cristo, que vemos, por ejemplo, repetida en las almenas de la Torre de Belém. 

También están muy presentes elementos naturalistas y fantásticos relacionados con el mar o con las conquistas de países exóticos. Es el caso de las representaciones de los corales, las algas, los caracoles y las conchas, o de las sirenas. En esta misma línea, cabe destacar las cuerdas y los cabos entrelazados, las anclas, las redes y los nudos marineros que destacan, también, en la Torre de Belém. 

El momento en el que irrumpe este estilo se corresponde con el final del periodo medieval, en su transición hacia el Renacimiento. Es una variación únicamente portuguesa del gótico final y recibe también influencias del arte mudéjar, pero desarrolla unos motivos iconográficos propios. Aunque podemos encontrarlo en algunas de las artes decorativas, se trata de un estilo básicamente arquitectónico.

La originalidad y personalidad del estilo manuelino es algo que ha marcado el patrimonio artístico portugués y conforma, hoy en día, un importante motivo de visita a sus monumentos. 

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