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Monumento a los descubrimientos

Monumento a los descubrimientos (9)

52 metros de altura es lo que mide esta carabela de hormigón que se eleva sobre el agua, sobrepasando la orilla del río Tajo. 

Aunque el colosal monumento no es del agrado de todos los lisboetas, es cierto que el Padrão dos Descobrimentos, como es conocido en portugués, constituye uno de los principales lugares de visita en el barrio de Belém. 

Este barrio, en la desembocadura del Tajo, rememora la edad de oro portuguesa, en la que los navegantes y los grandes conquistadores se hacían a la mar en busca de nuevas tierras. Por ese motivo, podemos decir que el Monumento a los Descubrimientos se encuentra en el marco idóneo.

Si nos remontamos a su historia, tenemos que irnos hasta 1960, año en el que se instaló el monumento con la voluntad de conmemorar el quinto centenario de la muerte de Enrique el Navegante, el primer y notable explorador portugués. 

En 1960 Portugal se encontraba en plena dictadura de Salazar quien, como defensor de la política colonialista, durante su régimen llevó a cabo una campaña de glorificación de los grandes navegantes y descubridores de la historia portuguesa. 

Además, las características estilísticas del monumento, las dimensiones, los materiales, están concebidas como demostración de grandilocuencia y pompa, algo típico de la estética del régimen de Salazar. 

El monumento muestra la proa de la carabela, con el escudo de Portugal en ambos flancos y, sobre la puerta, mirando tierra adentro, una gigantesca representación de la espada de la casa real de Avis. 

De pie, en el extremo de la proa, se encuentra la enorme figura del principal homenajeado, Enrique el Navegante. El explorador lleva una pequeña carabela en una de sus manos y encabeza las figuras de otros marinos, reyes mecenas y exploradores, que se organizan en dos filas que descienden a lado y lado del monumento.  

A continuación de Enrique el Navegante, en el lado Este del monumento, podrás ver al rey Alfonso V, quien patrocinó a los primeros exploradores, al mítico Vasco da Gama, quien abrió ruta hacia la India, al descubridor de Brasil Pedro Álvares Cabral, o al afamado navegante Fernando de Magallanes, el primer europeo en pasar del Océano Atlántico al Pacífico. 

En el flanco oeste, Enrique el Navegante viene seguido inmediatamente por Manuel I, apodado “El Afortunado” por los grandes logros durante su reinado, ya que descubrió, entre otras cosas, la ruta atlántica hacia las Indias. A continuación el poeta Luis de Camões, el pintor Nuno Gonçalves con su paleta, representantes del clero, cartógrafos, nobles con peinados a lo Cristóbal Colón y famosos generales. 

Todas estas figuras, esculpidas también en el hormigón, son de dimensiones sobrenaturales y posan en actitud heroica, recordando, de nuevo, a los monumentos y a la estatuaria de otros regímenes dictatoriales. Sin lugar a duda, sin embargo, el emplazamiento y el llamativo e imaginativo diseño es indiscutible. 

Si te apasionan los espectaculares paisajes, te recomendamos subir hasta el mirador del séptimo piso, al que se accede mediante un ascensor en el interior del monumento. Desde allí, la vista sobre el barrio de Belém, las montañas cercanas y el río Tajo es espléndida. 

Además, desde esa posición podrás contemplar la plaza que queda debajo del monumento, en el lado norte. Sobre el suelo, verás el dibujo de una enorme brújula de 50 metros de diámetro con el trazado de las rutas de los descubridores durante los siglos 15 y 16. 

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