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Praça do Comerço

Praça do Comerço (33)

Sin lugar a dudas, la Praça do Comerço es una de las más emblemáticas de la ciudad y la favorita de muchos lisboetas. Y no solamente por sus pórticos con encanto, o por los vivos colores en las fachadas, sino por su historia, por su significado y por ser, dicen, la entrada más bella a la ciudad, a través del Tajo. 

Aunque tiene el nombre de Plaza del Comercio, todo el mundo la conoce aquí por Terreiro do Paço, que significa Plaza de Palacio. Esto es debido al hecho que hasta el terremoto que asoló la ciudad en 1755, en esta plaza grande y cuadrada se encontraba el Paço da Ribeira, la residencia del rey. 

El temblor destruyó no solamente el palacio, sino también una valiosa biblioteca con más de setenta mil ejemplares. El rey José I se encontraba en Belém en el momento del terremoto y no fue una de las quince mil personas que perdieron la vida. Sin embargo, aterrorizado por la posibilidad de que la tragedia volviera a suceder, decidió trasladarse a vivir al Palacio de Ajuda, alejado del centro de Lisboa. 

Pese a todo, el encargo de reconstrucción que realizó el rey a su ministro, el Marqués de Pombal, convirtió al Terreiro do Paço en la pieza emblemática e indispensable del proyecto, que se basaba en un trazado racional de calles que unirían esta plaza con la Praça do Rossio, al norte. 

Precisamente, la estatua ecuestre que se erige en el centro de la plaza, y que se ve a través del Arco del Triunfo que comunica a la plaza con la Rua Augusta, muestra al rey José I. Es una obra de 1775, que corrió a cargo del que es considerado el mejor escultor portugués del siglo XVIII, Machado de Castro. 

Curiosamente, esta estatua de bronce es la causante de que la plaza recibiera un tercer nombre, la Plaza del Caballo Negro. Exactamente, negro, no lo estás viendo mal ni estamos equivocados, sino que, ése era el color original de la estatua aunque, con el tiempo, ha ido adquiriendo una pátina verde. Si te acercas al zócalo del monumento, podrás admirar el medallón de bronce dedicado al Marqués de Pombal. 

Los demás colores que están en juego en esta plaza son el amarillo azafrán y el rosa. El primero, asociado a la monarquía, era el que cubría todas las fachadas de la plaza hasta que, en 1910, la revolución que derrocó a la monarquía impuso la pintura rosa, propia de los republicanos. Actualmente, y aunque no hay monarquía en Portugal, impera el color amarillo. 

Por tres de sus lados, la plaza está rodeada de soportales que acogen alfarrabistas, como se conoce aquí a los libreros de libros viejos y antiguos. El cuarto lado, el lado sur, se abre a la amplia desembocadura del río Tajo, y está flanqueado por dos nobles torres cuadradas.

A lo lejos, mirando al río, destaca el puente del 25 de abril y la silueta lejana del Cristo Rei. Éste es el paisaje que contemplan los ocupantes de los ferries que enlazan Lisboa con los barrios de la orilla opuesta, y que parten del embarcadero cercano. Y si te acercas a media tarde, a la hora de salida de oficinas y comercios, verás cómo se agolpan las multitudes para volver a casa. Justo el trayecto contrario que hacían embajadores y reyes en el pasado. 

Ellos, sin embargo, no llegaban desde la otra orilla del río, sino desde otros mares, y contemplaban el impresionante panorama de una bella Lisboa mientras subían las escaleras de mármol que hay frente al río. 

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