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Praça do Rossio

Praça do Rossio (30A)

Tan solo unos metros más abajo de la estación, se encuentra la concurrida Praça Dom Pedro IV o, como es conocida por todos, Praça do Rossio. 

Esta plaza es y ha sido siempre el escenario central de la vida urbana de Lisboa. En el que hoy es un punto de encuentro entre locales y turistas, antaño se celebraban corridas de toros, bailes de disfraces, manifestaciones políticas y, atención, hasta ejecuciones públicas durante la Inquisición. 

La unión de esta plaza con la Praça do Comerço, a orillas del Tajo, fue el eje principal de la reforma que trazó el Marqués de Pombal tras el desolador terremoto que arrolló la parte baja de la ciudad en 1755. La zona, trazada como una cuadrícula, se convirtió en un ejemplo de planificación urbanística en toda Europa. 

Antes de la fecha fatídica del terremoto, la plaza reunía los edificios más imponentes de la ciudad. La reconstrucción de Pombal la plagó de sobrios edificios neoclásicos algunos de los cuales, hoy día, están curiosamente cubiertos con antiguos carteles publicitarios de neón. 

A mediados del siglo 19 se pavimentó la plaza con mosaicos en forma de olas del mar. Los bloques de piedra tallada blanca y gris que se usaron para ello fueron los primeros en la ciudad con este diseño de ornamentación. Sin embargo, actualmente, sólo una diminuta parte de la pavimentación es la original. Y es que es imposible no pisar esta plaza mil y una veces cuando uno quiere estar en el centro de la vida lisboeta. 

En los extremos norte y sur de la plaza, encontrarás dos fuentes barrocas siempre en actividad, y en el centro, una columna de mármol aguanta la estatua de Dom Pedro IV, antiguo rey de Portugal y primer soberano del Brasil Independiente. 

La estatua, de bronce, se colocó allí en 1870, y a sus pies, se completa con un zócalo en el que se representan cuatro figuras alegóricas que simbolizan la Justicia, la Sabiduría, el Valor y la Templanza, cualidades que se le atribuyeron al monarca Dom Pedro IV. 

Además, agradecerás el paso por esta plaza si no has tenido tiempo de abrillantar tu calzado después de todo el día de caminata. Los vendedores de flores y los limpiabotas se rifan las aceras del Rossio para seguir desempeñando tan tradicionales profesiones. Todo un encanto.

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