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Catedral de la Sé

Catedral de la Sé (36)

La catedral de la Sé es el único monumento de la ciudad que data originariamente de la fundación de la nación, en 1147. 

Después de la dominación de los visigodos, hasta el siglo VIII, la ciudad estuvo bajo control musulmán durante 450 años. Fue el rey Afonso Henriques quien dirigió a los cruzados y a un ejército de soldados portugueses para llevar a cabo la reconquista y fundar el estado portugués. 

Entre sus primeras decisiones estuvo la de construir una catedral en una colina al borde de la Alfama, en el lugar donde, hasta el momento, se alzaba la mezquita. ¿El objetivo? Revelar la grandeza y la supremacía cristianas.

La catedral alberga la sede del arzobispo. De ahí, su nombre, la Sé, por las iniciales de Sedes Episcopalis.

Los terremotos que ha sufrido la ciudad de Lisboa a lo largo del tiempo, tres en el siglo 14 y el devastador temblor de 1755, han hecho que la catedral sufriera varios procesos de reconstrucción. Por este motivo, en un mismo edificio coexisten estilos arquitectónicos de distintas épocas. 

En el exterior que puedes ver actualmente, con cierta apariencia de fortaleza, destacan las dos torres coronadas con almenas y un rosetón, que le confieren un sólido aspecto románico. 

Además, por su situación en una empinada calle por donde suben los tranvías, la catedral regala un hermoso escenario para las fotografías, no sólo de los turistas, sino que también de la numerosa cantidad de parejas que celebran su boda en este pintoresco marco. 

Si entras en el interior, de nave románica, podrás observar como la austeridad y la simplicidad son la tónica dominante en un espacio bastante oscuro. La diversidad de estilos arquitectónicos también está presente aquí, debido a las múltiples restauraciones y ampliaciones que se han sucedido a lo largo de los años. 

No queda prácticamente ninguna de las ornamentaciones con las que el rey João V hizo decorar la catedral a principios del siglo 18, antes del terremoto. Sin embargo, se reconocen elementos de otros estilos y épocas. 

Es el caso del techo, formado por bóvedas de medio cañón y bóvedas de aristas. Te puedes acercar también para ver la pila bautismal, de estilo románico, y en la que dicen que fue bautizado San Antonio de Padua, el santo más querido por los lisboetas. El coro y el órgano son barrocos, y al otro lado de la nave románica, el deambulatorio comprende nueve capillas góticas. 

Precisamente desde el deambulatorio se accede al bellísimo claustro, de estilo entre románico tardío y gótico temprano. En él, podrás deleitarte con los delicados capiteles tallados de los arcos dobles, o con una reja de hierro forjado, que se conserva desde el siglo 13. Te interesará saber que en los últimos años se han hecho excavaciones arqueológicas en el claustro y han salido a la luz relevantes restos romanos, árabes y medievales. 

Pese a lo austero de la decoración interior, la catedral de la Sé reserva un par de joyas. 

En primer lugar, un belén barroco que se sitúa en la primera capilla de la nave lateral izquierda. Se trata de un nacimiento navideño de Joaquim Machado de Castro, realizado en 1766 con corcho, madera y barro. Una auténtica pieza de artesanía. 

En segundo lugar, el Tesoro, que se halla en lo alto de la escalera. Éste alberga reliquias, objetos de plata, vestimentas eclesiásticas y manuscritos relacionados con San Vicente, el patrón de la ciudad. Y no están exentas de leyenda.  Y es que al santo lo hicieron patrón de Lisboa cuando trajeron sus reliquias desde el Algarve portugués, en 1173. En el trayecto, dicen que dos cuervos lo custodiaron sobre el barco, y por eso estos dos animales se incorporaron al escudo de la ciudad, convirtiéndose en el emblema de la liberación de los musulmanes en el siglo 12. 

La curiosa y heterogénea mezcla de estilos de la catedral de la Sé merece la pena tu visita.

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