ALREADY KNOW YOUR NEXT DESTINATION?
DOWNLOAD YOUR FREE AUDIOGUIDE

Torre de Bélem

Torre de Bélem (5)

Declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la torre de Belém es uno de los símbolos más significativos de la ciudad de Lisboa, tanto por su valor artístico y arquitectónico, como por el pasado que todavía recuerda su silueta. 

En la época de los descubrimientos, cuando los navegantes partían para explorar y descubrir nuevas rutas marítimas, el lugar donde se alza la torre era el principal punto de embarque. Por ese motivo, se considera un símbolo de la expansión de Portugal.  

En el siglo 16, ya que Lisboa era escala obligatoria en las rutas del comercio internacional, se impuso la necesidad de construir una torre de defensa. El rey Manuel I fue quien mandó levantarla para defender la desembocadura del río Tajo, que se había convertido en un punto de referencia de intercambios comerciales, culturales y de conocimientos. 

Si bien el rey Don Juan II concebió la defensa tripartita y encargó fortalezas en Cascais y Caparica, fue su sucesor, Manuel I, el encargado de terminar el proyecto. La edificación se llevó a cabo entre los años 1514 y 1520 y, por entonces, la torre se encontraba más alejada de la costa que en la actualidad. Fue en el siglo XIX cuando la ciudad ganó terreno al río, estrechando sus márgenes, y cuando la torre pasó a quedar situada en la orilla del Tajo. La Torre de Belém se levantó en honor a San Vicente, el patrón de la ciudad, y en el lugar donde antes estaba anclado un gran navío de madera, perpetuando en piedra aquella estructura.  

La torre cumplió durante años su función defensiva, pero la perdió con el paso del tiempo. Durante dos siglos, sirvió como punto de recaudación aduanera, albergó unas mazmorras e, incluso, funcionó como faro. 

La torre es una joya arquitectónica del estilo manuelino, con las características influencias orientales e islámicas. Además, es un extraordinario ejemplo de la arquitectura militar y marca el fin de la tradición medieval de las torres de homenaje, formando uno de los primeros baluartes para artillería en Portugal.  

El arquitecto encargado de la construcción fue Francisco de Arruda, especialista en construcciones del estilo manuelino. 

La estructura se compone de dos elementos principales: la torre cuadrada y el baluarte. La primera se eleva cinco pisos por encima del baluarte. Estos albergaban, respectivamente, la Sala del Gobernador, la Sala de los Reyes, con las armas reales de Manuel I, la sala de audiencias, la capilla y la terraza. 

El baluarte  es de planta hexagonal y está orientado hacia el río, recordando la forma de la proa de un barco mirando al mar. Su carácter defensivo es obvio si nos fijamos en las 16 aberturas para cañoneras, o las atalayas moriscas, coronadas por cúpulas con forma de gajos de naranja. La nave del baluarte está ventilada por un pequeño claustro gótico que conforma una sala abovedada que se usó como mazmorra hasta el siglo 19.

Gran parte de la belleza de la torre reside en su decoración exterior. Todo en ella recuerda a la edad de oro de los descubrimientos. Claro ejemplo de ellos son los gruesos cordajes anudados alrededor del edificio, las esferas armilares o la cruz de la Orden de Cristo esculpida en las almenas en forma de escudo, o los animales exóticos.

En este sentido, podrás fijarte en el detalle de un rinoceronte esculpido en una torrecilla orientada tierra adentro. Se trata de la primera representación en piedra del animal que se conoce en toda Europa, y está relacionado con una anécdota, cuanto menos, curiosa. 

Se dice que el rey Manuel I recibió como regalo desde la India un rinoceronte, hecho que causó mucho revuelo, ya que no era una especie conocida. El rey quiso probar su fuerza enfrentándolo en una lucha a un elefante, pero, según cuentan, el elefante huyó atemorizado al escuchar resoplar furiosamente al rinoceronte. Tras el episodio, el rey portugués quiso ofrecerle el rinoceronte como obsequio al Papa, pero en el transporte a Roma, barco y animal se hundieron en el mar Tirreno.   

Hoy en día, la Torre de Belém es un lugar de visita obligada que, a parte de enamorarse de su belleza, puedes pasear por los alrededores y ver a los jóvenes jugando a fútbol en las grandes extensiones verdes, a perros correteando por la orilla del río, o a los trenes amarillos y plateados resiguiendo el litoral costero.

ALL POINTS OF INTEREST
This website uses cookies to ensure you get the best experience on our website

ACCEPT
+ INFO