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British Museum

British Museum (31)

Presentándose al público como un museo del mundo para el mundo, el British Museum guarda entre sus paredes un sinfín de piezas de arte y antigüedades que narran 2 millones de años de historia de la humanidad. Organizado en base a culturas y civilizaciones, tanto actuales como ya extintas, sigue fiel a su cometido de proporcionar libremente el conocimiento a todo el que lo desee. De ahí que, pese a la magnitud y a la importancia de sus colecciones, la entrada siga siendo gratuita desde que abrió sus puertas, en 1759.

Creado en 1753 a partir de la colección privada que legó al Estado el médico y naturalista Hans Sloane, el museo tuvo, en un principio, su sede en la Montagu House, una mansión del barrio de Bloomsbury que se encontraba en los terrenos en los que se asienta el edifio actual. Las primeras antigüedades se adquirieron en 1772, y progresivamente la institución fue acumulando tal cantidad de piezas que se hizo obvio que Montagu House era, por su reducido tamaño, una sede obsoleta. El hecho de que el rey Jorge IV legara al museo la biblioteca de su padre hizo que, finalmente, se decidiera construir un nuevo edificio.

El arquitecto Robert Smirke fue el encargado de dar forma al proyecto, y las obras para levantar este impresionante edificio necoclásico comenzaron en 1823. Como un oráculo que le pronostica al visitante parte de lo que va a ver, la entrada del British Museum, dominado por un elegante pórtico sustentado por columnas jónicas, parece transportarnos con su majestuosidad a la Grecia clásica. 

Las obras terminaron en 1852 y fueron supervisadas los últimos 7 años por el hermano de Smirk, llamado Sydney, que más tarde se encargó también de diseñar el reading Room, la enorme sala circular cubierta por una cúpula que, situada en el patio central del edificio, sirvió para albergar la nutrida biblioteca del museo. Los volúmenes que la integraban fueron trasladados en 1997 a la nueva sede de la British Library.

Durante los siglos XIX y XX, el museo tuvo que impulsar nuevas ampliaciones, como las que resultaron en la construcción de la White Wing o de las Parthenon Galleries. Sin embargo, el proceso de reforma que más ha cambiado la fisonomía del edificio fue la colocación de una cubierta de acero y cristal para cubrir el patio central, el Elizabeth II Great Court. El diseño corrió a cargo del estudio de arquitectos Foster and Partners y, al acabar de instalarse el último panel de cristal en el año 2000, el espacio se convirtió en la plaza pública cubierta más grande de Europa. Con el Reading Room como epicentro, el Elizabeth II Great Court es como un símbolo de la filosofía del museo, ya que se produce un atractivo contraste entre su moderna tecnología y el hecho de que entre estas paredes se guarden objetos de la Prehistoria.

En cuanto a las colecciones, prepárate a disfrutar, pero ármate de paciencia, porque esto es más grande de lo que puede parecer en un principio. Si dispones de tiempo, lo mejor es que, si te interesa lo suficiente, repartas tu visita al museo en varios días. Las salas se organizan en base a las culturas, las civilizaciones y, en algunos casos, agrupan los objetos por disciplinas. Un ejemplo de esta clasificación es que puedes encontrar, por un lado, un departamento dedicado al Antiguo Egipto y Sudán, otro a África, Oceanía y las Américas y, por contra, una sección dedicada a Monedas y Medallas y otra a Láminas, Grabados y Dibujos.

Sería difícil explicar en pocas palabras la magnitud del conjunto que expone el British Museum. No obstante, para que te hagas una idea debes saber que algunas de sus piezas estrella son la Piedra Rosetta, que permitió descifrar los jeroglíficos egipcios, algunas estatuas del frontón y de uno de los frisos del Partenón de Atenas, los toros alados del palacio asirio de Khorsabad o un auténtico moai de la Isla de Pascua.

El fenomenal despliegue de medios incluye desde porcelana china hasta arcaicas armas anglosajonas, pasando por una extensa colección de momias egipcias. Así que, estando en Londres, no tienes excusa para no ser uno de los 5 millones de visitantes que cada año acuden al museo para adentrarse en su fascinante universo.

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