ALREADY KNOW YOUR NEXT DESTINATION?
DOWNLOAD YOUR FREE AUDIOGUIDE

Plaza de Oriente

Plaza de Oriente (5)

La Plaza de Oriente es una plaza situada al este del Palacio Real de Madrid, y es su orientación la que le da el nombre. 

El lugar es una plaza tranquila y a la vez llena de vida, donde se funden a la perfección el clasicismo monumental y la bohemia artística de la ciudad. Un sonido de acordeón hace las veces de banda sonora del lugar, mientras la gente toma un café en una de las lujosas terrazas de la plaza. Los atardeceres rojizos con vistas al Palacio Real te convencerán de lo hermosa que llega a ser una puesta de sol madrileña.  

El proyecto de este vasto espacio semicircular data del breve reinado de José Bonaparte, hermano de Napoleón, y popularmente conocido como Pepe Botella, por su afición a la bebida. 

Las obras se iniciaron en 1811 con una drástica alteración de la zona, echando abajo varia iglesias así como la biblioteca real. La zona que ahora ocupa la plaza estaba densamente poblada de edificios, y José Bonaparte quería más amplitud y luz para que luciera más si cabe, el fastuosos Palacio Real. 

Instaurada la monarquía, Fernando VII amplió los planos de la plaza, incluyendo un sofisticado teatro de la ópera. Pero lo cierto es que la plaza seguiría siendo un polvoriento solar durante muchos años, hasta que en 1842, Narciso Pascual y Soler se hiciera cargo de las obras. 

Colomer quiso incluir en el centro de la plaza una estatua ecuestre en bronce de Felipe IV. Esta estatua se realiza entre 1634 y 1640 por el italiano Pietro Tacca. El artista tuvo como modelos dos cuadros que Velázquez pintó del monarca, uno a caballo y otro de medio cuerpo. 

Cuentan que el escultor contó con el asesoramiento de Galileo Galilei para que el caballo sobre el que está montado Felipe IV pudiera mantenerse exclusivamente sobre sus patas traseras. La solución dada por el físico Galilei, por otra parte, fue bastante lógica; recomendó hacer maciza la parte trasera del caballo y hueca toda la parte delantera. Aún así, la estatua de Felipe IV, no es, de lejos, la única escultura de la plaza. 

El grupo de estatuas de piedra blanca que bordea la plaza forma parte de una serie dedicada a todos los monarcas de España. Se esculpieron entre 1750 y 1753 durante el reinado de Fernando VI. En un principio, estas estatuas tenían que adornar la cornisa del palacio Real. Pero la reina tuvo un sueño en el que caían precipitándose apocalípticamente hacia abajo y sobre ella, y naturalmente, le entró miedo. Nadie quiere morir aplastado por una estatua, eso está claro. 

Desde entonces, gran parte de esas esculturas las puedes ver repartidas por todo el espacio. Su color blanquecino, por otra parte, en contraste con el verde de los parterres de la plaza, consiguen embellecer elegantemente este romántico espacio del Madrid borbónico. 

 Y es que sin duda,  este es uno de los espacios urbanos más logrados de la ciudad. La luz, los edificios clásicos que la rodean, los árboles y las estatuas se funden de manera harmoniosa, y hacen de esta plaza un ambiente realmente único. Es un lugar especial para traerse un buen libro y dejar que pase el tiempo, esperando a que llegue el magnífico atardecer.

ALL POINTS OF INTEREST
INTERESTING
This website uses cookies to ensure you get the best experience on our website

ACCEPT
+ INFO