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Teatro Real

Teatro Real (12)

El Teatro Real es el teatro de ópera de Madrid. Está situado en la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real, y es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. 

En la actualidad, presume de ser uno de los mejores teatros de ópera del continente. Pero pocos teatros de la ópera han servido a tantos y tan dispares propósitos y han tenido una trayectoria histórica tan penosa. Se podría decir que el teatro real es un importante coso operístico, un poco a su pesar.  

Fue la reina Isabel II quien promovió la construcción de un teatro de ópera para contentar al pueblo y a la corte. Para esta tarea, la corona cedió los solares del Caño del Peral, un antiguo lavadero ubicado frente a la Plaza de Oriente. 

Los arquitectos designados para dicha obra fueron Don Antonio López Aguado y Don Custodio Moreno, encargados de crear un magnífico edificio con forma hexagonal irregular. Su principal fachada miraría a la Plaza de Oriente y la otra, de menor empaque, recaería sobre la Plaza de Isabel II.

En la decoración interior trabajaron los artistas y decoradores más importantes de la época como Bravo, Tegeo y Lúcar. A parte del coso teatral, había dos salones de baile, tres salones, una confitería, un café, un tocador y un guardarropa. 

Todas estas comodidades se copiaron de grandes teatros europeos como el San Carlo de Nápoles o La Scala de Milán. Madrid era una importante capital europea y se merecía un teatro de la ópera de igual importancia. 

El teatro se inauguró el 10 de octubre de 1850, coincidiendo con el cumpleaños de la soberana. La obra elegida como primera representación fue La favorita, de Donizetti. 

Durante algunas temporadas actuarían artistas de renombre, venidos de toda Europa. Sin ir más lejos, en 1863 acude Verdi en persona para el estreno de la ópera “La forza del destino”. Y en la temporada de 1916 actúan los ballets rusos de Diaghilev con el genial Nijinsky y la popular Pavlova.

Pero su éxito inicial sería más un espejismo que una realidad. Económicamente, el Teatro Real era un auténtico fracaso. El teatro nunca se acabó de gestionar demasiado bien, y el público mayoritario de Madrid nunca fue lo suficientemente refinado para un teatro de estas características. Madrid no estaba ni política ni socialmente demasiado por la ópera. Aquí, la verdad, gustaban más otras cosas. 

Las temporadas operísticas se sucedían sin pena ni gloria, y el teatro fue cayendo en un paulatino estado de deterioro y decadencia. Mientras las producciones operísticas requerían teatros más modernos y mejor adaptados, el Real, muy deteriorado, necesitaba urgentemente una costosa remodelación. 

Sería en la década de los noventa cuando por fin se inician las polémicas obras de restauración. Las fechas de la nueva inauguración no se acababan de cumplir nunca, el presupuesto del proyecto se había disparado y el colmo de los colmos llegó cuando la majestuosa lámpara que colgaba de la sala de espectadores calló al suelo y tuvo que ser restaurada de nuevo. Las obras llegaban tarde, y además se gestionaban mal. Por momentos parecía que Madrid no tendría jamás un coso operístico como Dios manda. 

Por fin, el 11 de octubre de 1997, los reyes inauguraban el Teatro Real. Un teatro con capacidad para 1740 espectadores con un escenario de nada menos que 1400 metros cuadrados.

Y la espera, las obras, y el costoso presupuesto valieron finalmente la pena. Después de diez años de andadura, el nuevo Real es un teatro magnífico, de primer nivel, que llena a diario y que hace las delicias de todos aquellos amantes de la ópera. Después de casi un siglo y medio, Madrid tiene por fin el teatro de la ópera que se merece. Más vale tarde que nunca, que dicen…

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