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Prater

Prater (5)

El Prater es un auténtico pulmón verde para la ciudad de Viena, pero a la vez que cumple sus funciones como espacio para la relajación y para el paseo es también un importante centro de ocio, ya que en el siglo XIX una parte del complejo se convirtió en un animado parque de atracciones que sigue hoy en funcionamiento.

El llamado Prater Verde, la zona poblada por árboles y frondosos prados, fue en otra época un coto privado de caza de los emperadores. En 1766, José II decidió abrirlo para el disfrute de los ciudadanos, y por supuesto donde hay clientes también empezaron a venir vendedores de dulces y poco tiempo después ya eran un centenar de puestos y tenderetes que ofrecían vino, cerveza, helados y café. 

Era un parque para todos, desde las clases más populares que venían atraídas por los puestos de tiro, el tiovivo y los merenderos, como para la élite que disfrutaba de los restaurantes o las pistas de baile donde se celebraban la guerra de los valses entre Strauss y Lanner.

Hoy en día, atravesado por la Hauptallee, una avenida de 5 kilómetros de largo flanqueada por castaños, es un lugar de peregrinaje para los aficionados al ciclismo y a la equitación, o simplemente para los que desean correr o pasear por este bello paraje.

Se abren ante ti 6 millones de metros cuadrados, pero si no te apetece caminar mucho, el Prater te ofrece la posibilidad de hacer un recorrido panorámico de 4 kilómetros gracias al llamado Liliputbahn, el Tren de Liliput. Imprescindible si viajas con niños.

Sin embargo, para el visitante extranjero tal vez la parte más conocida de este rincón de Viena sea la que suele conocerse con el peculiar nombre de Wurstelprater, es decir, “el Prater de las salchichas”, llamado así porque antaño había aquí numerosos puestos que las vendían. No obstante, no son las salchichas las que caracterizan en la actualidad esta parte del Prater, sino las más de 250 atracciones que la pueblan.

Aquí podrás subirte a modernas montañas rusas, a un simulador de vuelo, o, si lo prefieres, podrás acercarte a un clásico tiovivo o a las casetas de tiro, pero la atracción por excelencia es la gigantesca noria, la Riesenrad, o rueda gigante que alcanza casi los 65 metros de altura y ofrece estupendas vistas de la ciudad. 

La Riesenrad fue construida originalmente entre 1896 y 1897 por el ingeniero británico Walter Basset, que ya había erigido estructuras similares en grandes urbes como Chicago, París o Londres, pero fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que la noria que puedes ver en la actualidad es fruto de la reconstrucción llevada a cabo en 1945. Y se eliminaron 15 de las 30 cabinas que llevaba originalmente.

Sus 61 metros de diámetro que cuenta con 120 radios hechos de cables metálicos, y sus 430 toneladas giran a un velocidad de sólo 75 centimetros por segundo.

A parte de los viajes convencionales, los responsables de la Riesenrad ofrecen la posibilidad de alquilar algunas de las más lujosas cabinas, decoradas en estilo modernista, para la celebración de eventos, como banquetes de boda. La oferta es, sin duda, tentadora, ya que la noria es, además de uno de los principales iconos de Viena, un referente para los cinéfilos, ya que aparece en varias la películas, quizás la más famosa: El tercer hombre, de Carol Reed. 

Como curiosidad te diremos que en tu paseo por el Prater también puedes encontrarte con una casa muy singular, completamente redonda, pero no acaba aquí su particularidad, nos referimos a que és una micronación, es la República Kugelmugel. Precisamente por su forma esferérica empezó todo. Después de la disputa entre el artista Edwin Lipburger y las autoridades austriacas sobre su permiso para la construcción de una casa de forma tan peculiar, pues el artista tiene la creencia de que esta es la forma que más armoniza con la naturaleza (kugelmugel significa campo esférico),  la República de Kugelmugel se declaró independiente en 1984. Cuando las autoridades austriacas alegaron que no tenia los permisos suficientes para la construcción y que la esfera debía ser derribada, Edwin Lipburger respondió declarando a la casa esférica una nación independiente y empezó a acuñar su propio dinero y estampar sus propios sellos. También se negó a pagar impuestos lo cual le llevó a la cárcel aunque finalmente fue indultado por el presidente austriaco. Los intentos del alcalde de Viena por derribar la casa hicieron que levantara una valla de seguridad  a su alrededor. La República de Kugelmugel es a la vez una obra de arte y una casa, pero al mismo tiempo es también el símbolo de una lucha que no tiene final: la del Individuo frente al Sistema. Así que él sí que puede decir eso de… bienvenido la República independiente de mi casa.

Si todavía no tienes suficiente, debes saber que el Prater tiene otros atractivos adicionales, como un museo dedicado a su historia, un planetario, e instalaciones deportivas como un hipódromo, pistas de tenis e incluso un campo de golf. La diversión está asegurada.

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